domingo, 14 de julio de 2013

Alí Babá


He escuchado hasta el hartazgo argumentos en defensa del Kirchnerismo que, en razón de la voluntad antojadiza de quienes los esgrimen, ocupan el lugar de privilegio que los transforma en argumentos irrefutables, en contraprestación con los argumentos que, aunque son esgrimidos también hasta el cansancio por los miembros del partido oficialista y por todos aquellos que lo defienden, son, a los ojos de todos los mortales y de ellos mismos, meros argumentos especulativos y cabalmente falaces. Dentro del grupo de los primeros argumentos, encontramos el que sostiene que uno de los grandes logros que tuvo este gobierno es el de dejar al descubierto los poderes ocultos y subrepticios que hace décadas gobiernan y manejan los destinos de éste país. Aunque esto pueda tener algo de verdad, no es menos cierto que este gobierno no solo nunca hizo nada contra esos poderes sino que se sirvió y negoció con ellos, hasta tanto estos poderes representaron un potencial y claro peligro contra su estabilidad y sus ambiciones de poder. Por lo tanto, no estamos en presencia de un gobierno que asumió como prioridad desde el primer día de su mandato el desbaratar estos poderes sino que por conveniencia decidió, luego de apoyarlos y de hacer negocios con ellos, desmantelar sus estructuras de poder. Es este mismo gobierno que destila corrupción por todos sus poros: funcionarios con exorbitantes patrimonios, imposibles de justificar, -entre los cuales se encuentra el ejemplo más brutal que es el patrimonio de la presidente de la Nación-, quien busca poner fin a la corrupción de dichos monopolios. Entonces, ¿por que debemos creer que personas que no han reparado en vaciar las arcas del Estado y en acrecentar su poder desmedidamente son las que tratarán de desmantelar los monopolios que hace años controlan a este país desde las sombras? ¿Sería lógico pensar que un gobierno que busca denodadamente destruir al monopolio más poderoso de nuestro país lo haga de la misma forma, esto es, formando un monopolio estatal? Por otro lado, si llegásemos al punto crucial de admitir que estamos de acuerdo con el axioma que sentencia que el fin justifica los medios, -lo cual aclaro no comparto en lo absoluto-, ¿somos conscientes de que esta batalla furibunda en contra de los monopolios no la está librando Nelson Mandela, sino un partido profundamente cuestionado y corrupto y que en el medio de esa batalla se está debilitando profunda e irreparablemente a la República y al sistema democrático de gobierno?
Creer que este gobierno realmente esté librando esta batalla para liberarnos de las ataduras y del yugo de quienes nos gobiernan, desde las sombras, desde hace más de medio siglo, es tan infantil como creer que Ali Babá esté embarcado en la titánica empresa de desterrar para siempre el robo, de la faz de esta tierra.


Diego F. Casasbellas Alconada

viernes, 22 de abril de 2011

Partidos políticos

En la Argentina estamos presenciando un proceso que encuentra su punto de partida con el regreso de la democracia, en aquella primavera del 83’. No es que antes no hubiésemos tenido noticias de él, pero en aquel entonces, este proceso se corporizaba en algunos partidos políticos con escaso apego al sistema democrático y con una clara orientación hacia las políticas hostiles y violentas, no era, a priori, refrendado por partidos con disciplina e historia democrática como lo han sido -el tiempo verbal es el correcto- el Partido Radical y el Partido Socialista. Este proceso, llevó lentamente y decididamente a los partidos políticos imperantes en nuestro país hacia la identificación cada vez mayor con el tipo penal que configura la asociación ilícita, normado en el art. 210 y 210 bis de nuestro Código Penal.
Poco quedó de aquel Partido Radical de Alem, Yrigoyen, Balbín, Illia, del Partido Socialista de Palacios, de claras opciones que la coyuntura de nuestro país desplegaba para los ciudadanos que quisieran optar por una sociedad democrática, justa, donde la ética y la moral tuviesen un lugar preponderante en las decisiones de gobierno. En contraposición con las opciones mas violentas que proponían: populismos perimidos y carentes de verdaderas respuestas a los problemas de la sociedad; mas allá del manoseo innecesario de la figura retórica del pueblo.
Las asociaciones ilícitas que hoy operan en la arena política de nuestro país, bajo el mote poco original de Partidos Políticos, han encontrado una manera de vivir a costa del Estado. Solo persiguen poder económico y político, que en definitiva, salvando la perogrullada, es económico también. Discursos vacíos de contenido, falsos antagonismos, posiciones irreconciliables que continuamente se reconcilian; todos forman parte del mismo juego en el cual los ciudadanos somos rehenes, meros espectadores, humillados por los miembros de estas asociaciones que siguen aferrándose lastimosa y dantescamente a las vísceras del Estado. Asociaciones que operan junto a otras asociaciones que son la verdadera fuente de poder en nuestro país.
Los ciudadanos argentinos no escapan a esta triste transformación, por que son ellos mismos, salvando honrosas y varias excepciones, los que dan lugar a esta transformación, con su escaso apego a las normas que rigen nuestro estado de derecho. Son ellos mismos, incapaces de la menor autocrítica, quienes fustigan con animadversión furibunda las acciones ilícitas y delictuales de quienes están en posiciones de gobierno o de poder, sin reconocer ni advertir que son ellos mismos quienes viven su cotidianeidad vulnerando todas y cada una de las normas que los contienen y delimitan su actuar en sociedad. Desde las simples normas de consorcio, pasando por las administrativas, las normas de tránsito, espacio público, etc. Son ellos quienes manifiestan un claro desdén hacia cualquier norma que trate de limitar su accionar en pos de la entelequia que para ellos significa el ilusorio bien común.
Nos encontramos los Argentinos, como sociedad, en una situación compleja y complicada, donde tenemos que decidir, de una vez y para siempre, en que tipo de sociedad queremos vivir y por consiguiente que tipo de sociedad queremos dejarle a nuestros hijos, siendo conscientes de que el cambio debe operar primero desde nosotros mismos para poder después exigir lo que como nación civilizada y madura nos merecemos. Para esto es necesario hacer un verdadero análisis introspectivo, obviando la práctica tan común del doble discurso permanente, de la proyección como herramienta para desconocer nuestros errores y nuestra cuota de culpa y, finalmente, decidir a conciencia, si realmente queremos un cambio o si simplemente nuestra queja se dirige a cuestionar los errores de los demás como un método burdo e infantil del consabido mecanismo psicológico de la proyección.


Diego F. Casasbellas Alconada
Abogado
27.667.604

viernes, 29 de octubre de 2010

Exequias de Kirchner

Murió un hombre, y como toda muerte, me provoca tristeza y dolor. Dos chicos jóvenes se quedaron sin padre y su mujer perdió a quién había elegido para acompañarla por el resto de su vida. Pero, más allá de eso, debemos evitar que ésta situación de confusión provocada por la vorágine de los acontecimientos nos haga sacar conclusiones erradas. Tenemos una responsabilidad con nuestros conciudadanos, con nuestros hijos, con la posteridad y por sobre todo con nuestra patria. No debemos soslayar el hecho de que políticamente fue un hombre despiadado, voraz, quien enfrentó innecesariamente a los argentinos y quién, refugiado en la amoralidad, llevó adelante una política nefasta para el país y beneficiosa solo para él y sus allegados. Bécquer decía en sus Rimas, “¡Dios mío, que solos se quedan los muertos!” El aparato peronista conciente de ello, empieza a reacomodarse, como siempre lo ha hecho.

Diego F. Casasbellas Alconada
Abogado
27.667.604

miércoles, 6 de octubre de 2010

Clásica y Moderna

Mi familia vive en el edificio ubicado en la Av. Callao Nº 868 hace ya casi 50 años.
El edificio linda con dos locales, uno de los cuales pertenece al café “literario” que opera bajo el nombre de fantasía “Clásica y Moderna”.
Desde hace casi treinta años que el comercio en cuestión, originalmente dedicado solamente a vender libros, ha incurrido en los rubros gastronómico y musical.
Este local no está, ni estuvo nunca, habilitado para brindar shows musicales en vivo. No obstante esta palmaria limitación, desde hace ya casi veinte años que en dicho espacio se desarrollan actividades musicales bajo esa modalidad. Este reducto de dudosa intelectualidad, tiene una puerta por la cual se comunica con nuestro edificio, a través de la cual, y desandando todo el camino que lleva a la puerta principal del 868 de Callao, sacan la copiosa basura, en cantidades industriales, ensuciando todo el hall y, utilizando está comunicación también, para hacer entrar a los músicos y demás personalidades que lo frecuentan.
Además de escuchar el ampuloso sonido de los shows desde cualquier rincón del edificio, soportar el deletéreo hedor que desprenden las bolsas de residuos que con notable generosidad pululan por los pasillos de Callao 868; ahora, sus dueños, han urdido una nueva maniobra democrática: Con un cono color naranja de considerables dimensiones “reservan” un lugar en la calle, generalmente, en la puerta de Callao 868, para que estacionen algunas estrellas del espectáculo, como la Sra. Susana Rinaldi o la Sra. Amelita Baltar, quienes, dada su popularidad, consideran oportuno apartarse de las normativas viales.
Evidentemente, no solo la luna va rodando por Callao.

Diego F. Casasbellas Alconada
Abogado
27.667.604

jueves, 29 de abril de 2010

Doctrina Peronista

Nuestro país está atravesando una grave situación que es, tanto alarmante como inusitada. La propia definición del segundo adjetivo empleado nos advierte que ésta coyuntura que nos ocupa no tiene ninguna pretensión de originalidad, pese al asombro de ciertos “pensadores” y a la grotesca ingenuidad desplegada por gran parte de los ciudadanos de este país tristemente aletargado.
Parte de la opinión pública y de vastos sectores de la oposición se ocupan denodadamente en comparar y por consiguiente calificar el actuar de este gobierno en particular como fascista, soslayando el hecho fundamental de que la esencia misma, la raíz del partido peronista es autoritaria y despótica.
El gobierno de los Kirchner confunde y tergiversa la idea republicana de gobierno, denuestan profundamente aquel concepto, obsoleto a su entender, de la separación de poderes dentro del estado. La concepción que ellos tienen del poder es profundamente totalitaria, éste se ejerce concentrado y en manos de una misma persona, la concepción republicana del manejo del estado por parte de distintos poderes, estableciendo de esta forma el mecanismo de pesos y contrapesos que mantiene estable y funcionando al sistema democrático, es para ellos una utopía que contradice la raíz autoritaria, inmanente a su esencia dictatorial.
Fue el mismo Perón quien a través de un decreto le dio rango de “Doctrina Nacional” al flamante partido peronista, cambiándole el nombre al original partido laborista, vehículo electoral que utilizó para presentarse a las elecciones presidenciales del 46, secundado en aquella ocasión por el radical Juan Hortensio Quijano.
Esta evidente y grotesca maniobra tendiente a borrar los límites de cada uno de los poderes del estado, demuestra claramente el concepto que Perón tenía sobre el manejo del poder.
La modificación de la figura de desacato a la autoridad, ampliando ostensible y considerablemente las acciones que podían ser susceptibles de considerarse comprendidas dentro de esta figura, convirtió prácticamente a cualquier acto en “desacato a la autoridad” el cual era pasible de ser penado con prisión. Fue el gobierno de Perón quién nutrió profusamente la cárcel de Las Heras y Coronel Díaz, donde Roberto Pettinato ocupaba el cargo de Director de Institutos Penales; de presos políticos, entre los cuales figuraba Balbín quién había cometido el imperdonable crimen de contradecir los postulados peronistas.
La declaración del “Estado de Guerra Interno” donde cualquier ciudadano podía tomar medidas contra quienes consideraba estaban realizando actos contrarios a la doctrina peronista, traía de vuelta, luego de tantos siglos de civilidad, la idea de la justicia personal, ajena a los canales estatales.
El adoctrinamiento se basó en la premisa tristemente recordada, del nacionalsocialismo “amigo-enemigo” esbozada por Carl Schmitt. Los libros escolares enseñaban a los chicos las virtudes del régimen peronista y las cualidades maternales de Evita y, por consiguiente, las paternales de Perón.
Las calles cambiaron de nombre, pudiendo cualquier ciudadano pararse a contemplar la bonanza del país en la esquina porteña de Perón y Perón, donde confluían las calles Juan Domingo Perón con la de Eva Duarte de Perón.
La Provincia de Buenos Aires y la de La Pampa, también cambiaron sus nombres por los del Coronel y su mujer, respectivamente.
En la esfera discursiva, el peronismo usó y abusó de la violencia verbal acicateando a sus adoctrinados, movilizándolos y utilizándolos, fiel al estilo Bonapartista adoptado. Las masas ya no podían ser desdeñadas, debían presentarles a estas la ilusión de que se gobernaba con y para ellas.
En cuanto a la opinión pública, el gobierno de Perón se manejó drásticamente, las publicaciones que no adscribían al régimen eran hostigadas constantemente, llegando, en algunos casos paradigmáticos como con La Vanguardia o La Prensa, a su clausura o apropiación. En este tema en particular, jugó un papel determinante el tristemente célebre Raúl Alejandro Apold, quién aplicaba detallada y concienzudamente la doctrina implementada por Schmitt en relación al “control” de la oposición.
La falta de libertades básicas reinante en esa época fue el común denominador que mantuvo a un país atemorizado, enfrentado, acicateado desde el poder para provocar su división; funcional al gobierno.
La reforma constitucional del 49´, incluyó derechos básicos, denominados de segunda generación, enrolándose así en el llamado constitucionalismo social que países avanzados en ese aspecto habían experimentado treinta años atrás. La reforma que permitió la reelección indefinida, reconoció derechos fundamentales, entre los cuales no se encontraba el derecho a huelga, derecho éste, básico e inherente a la concepción misma de trabajador. Como resultado de esta clara omisión, todos los derechos reconocidos que adquirían de esta forma rango constitucional, perdían operatividad, ya que para su reconocimiento debía llevarse adelante un engorroso y largo proceso judicial, perdiendo, de esta forma, la esencia de la figura de la huelga que es la inmediatez entre el acto considerado lesivo de un derecho reconocido y el remedio jurídico en cuestión para defender el menoscabo sufrido.
Ante esta grosera omisión, todavía en la actualidad se pueden escuchar argumentaciones tan sonsas y pueriles como que el derecho de huelga no se incluyó en la reforma citada por que se considera que es un derecho inherente al hombre el cual no es necesario reconocer. Argumento éste, que contradice no solo la lógica jurídica, sino también la lógica y el razonamiento común. Aquí cabe mencionar a los famosos rompehuelgas de la fundación Eva Perón que se encargaban de “persuadir” a los trabajadores que ejercían esta actividad ilegal y de ponerlos tras las rejas, por violentar al gobierno pero, principalmente, por cometer un delito, ya que dicha forma de manifestación carecía de sustento legal.
No hay gobierno que lleve adelante los postulados peronistas originales con mayor fervor y estrictez que el de los Kirchner. Persecución, confrontación, violencia son rasgos comunes de gobiernos maniqueos que no comprenden que el mundo ya no adscribe a la deletérea lógica del todo o nada, que la realidad es mucho más profunda y compleja de lo que ellos creen. Es en estas personalidades donde se encuentra latente un profundo resentimiento y una honda aversión al sistema democrático y a los postulados republicanos de gobierno.



Diego F. Casasbellas Alconada
Abogado
27.667.604

jueves, 18 de febrero de 2010

Los argentinos y el arquetipo de la sombra

Carl Jung acuñó el concepto de “arquetipo de la sombra”, junto con otras definiciones que abarcan distintos tipos de arquetipos. Jung divide la psique y su relación con el comportamiento individual en tres conceptos primordiales: el Yo, el cual se identifica con la mente consciente, el inconsciente personal, que incluye todo lo que no se encuentra en la mente consciente pero que no está exento de estarlo y el inconsciente colectivo, nuestra herencia psíquica, el reservorio de nuestra experiencia como especie, un inconsciente objetivo con el cual todos nacemos, en contraposición con el inconsciente personal, que guarda la subjetividad propia de cada individuo.
Los arquetipos conforman el contenido del inconsciente colectivo. En la teoría junguiana el arquetipo de la sombra está conformado por instintos e impulsos que devienen de un instinto animal, pre-cultural, en un tiempo donde no éramos conscientes de nosotros mismos. Este arquetipo usualmente es definido como la parte negativa del “Yo”, su lado oscuro. En el inconsciente personal quedan reprimidos impulsos que, con la valoración que cada uno hace de si mismo, resultan contradictorios. El hombre presenta una imagen ante la sociedad, una imagen que desprecia estos sentimientos enterrados en la profundidad del inconsciente, estos impulsos que no encuadran con la idealización que forjamos de nosotros mismos, con la imagen que hemos creado para utilizar en contacto con la sociedad.
Aquí es donde cobra importancia el concepto de proyección, harto utilizado en psicología y receptado posteriormente por el lenguaje vulgar con su consiguiente pérdida de contenido. Según Jung, cada individuo debe afrontar su lado oscuro, conocer a nivel consciente, salvando la obvia redundancia, lo que está sepultado, merced a que no nos enorgullece, en el inconsciente, para poder llevar adelante el proceso de individuación. En palabras del propio Jung, el principio o proceso de individuación consiste en: “Aquel proceso que engendra un individuo psicológico, es decir, una unidad aparte, indivisible, un Todo. Individuación significa llegar a ser un individuo y, en cuanto por individualidad entendemos nuestra peculiaridad más interna, última e incomparable, llegar a ser uno mismo. Por ello se podría traducir individuación por mismación o autorrealización”
El individuo, mientras no reconoce su lado oscuro, mientras no lleva adelante el proceso de individuación, proyecta en el resto de los componentes de la sociedad el contenido de su arquetipo de la sombra. Según Jung, todo lo que no queremos reconocer en nosotros mismos, es proyectado en los demás, los defectos que no queremos llevar a nuestra esfera consciente, son los que encontramos con facilidad en el resto de los individuos.
Gran parte de los males que sufrimos como sociedad están relacionados directamente, son, por consiguiente, producto, del comportamiento de los argentinos como individuos. Resulta muy difícil de entender, para la gran mayoría de los argentinos, como podemos ser depositarios constantes de gobiernos corruptos e incompetentes, destinados siempre a sufrir por causa de estos mismos gobiernos que, claramente, son votados por la mayoría de nuestros conciudadanos. Ésta evidente contradicción psicológica, es producto de no reconocer en cada uno de nosotros, el arquetipo mencionado anteriormente, y, aquí he de establecer una salvedad, es evidente que el arquetipo de la sombra presenta inconfundibles parámetros cuantitativos dependiendo de la constitución moral de cada individuo. Pero, generalmente, los individuos más “oscuros” al poseer un profuso arquetipo como el señalado, proyectan desmesuradamente su inconsciente reprimido en los demás miembros de la sociedad.
Por consiguiente, el argentino, es el principal causante, la causa origen, de los males que padecemos como sociedad, quién proyecta sus miserias en el resto de la sociedad, sin darse cuenta y sin poder llevar al plano consciente lo subrepticio de su inconsciente. Solo de esta forma podemos explicarnos, por lo menos a modo racional, como todos los gobernantes son fustigados arduamente por la gran mayoría de nuestros conciudadanos, como, si no fuese ésta gran mayoría la que los colocó, mediante el voto, en el lugar donde se encuentran. Pareciera ser un ejercicio perverso, macabro, con ciertos rasgos sicóticos, votar a alguien para inmediatamente después denostarlo y convertirlo en blanco de todos los males de nuestro triste destino. Como si no supiésemos, antes del acto electoral, la historia de cada uno de los postulantes, como si, presos de la ingenuidad y el infantilismo, votáramos a alguien a quien conocemos de sobra merced a su vasta actuación política previa, y de golpe nos encontrásemos defraudados moralmente por las actuaciones posteriores a la asunción del candidato en cuestión. Es lamentable ver como hoy día, por ejemplo, todos se asombran por cómo maneja nuestra presidente las riendas de nuestro infausto país, como si ésta mujer o su marido fuesen nóveles figuras en la escena política y no hubiesen tenido pasado alguno. Éste es un ejemplo más del infantilismo que predomina como rasgo de los argentinos, y sobre todo de la falta de coherencia ética y moral que nos caracteriza.
Cabe aclarar, por si el lector no pudo percibir la ironía, que, más allá de encontrar cierta injerencia de las teorías de Jung en el comportamiento de los argentinos, esto, de ninguna forma mitiga o peor aún, justifica el triste desempeño de los argentinos en cuanto a lo que al plano cívico se refiere. Sería liberador pensar que todos nuestros males son causados por un “defecto” sicológico, provocado por no poder reconocer a nivel consciente lo oscuro de nuestro inconsciente. Pero, lamentablemente, el argentino es un ser inefable, quien actúa teniendo en miras solo su propio beneficio, quien desprecia fervientemente todo lo relacionado con el “bien común” y, lamentablemente, no tiene la capacidad intelectual para darse cuenta de que en definitiva, ese voto interesado que realiza, no va a ser fiel a sus intereses, sino, por el contrario, va a ser el causante de sus futuras penurias.
Quizás sea tiempo de que dejemos de buscar la causa de nuestros males y de nuestro triste destino común, en los gobernantes, depositarios ellos de todos nuestros fracasos, y empecemos, y aquí si podemos retomar la teoría de Jung, a conocernos a nosotros mismos y hacer un verdadero análisis introspectivo, para, de esta forma volver a darle importancia a valores fundamentales para la república, como la ética y la moral. Valores que hoy se encuentran perimidos y tristemente depositados en la sinrazón del olvido.

Diego F. Casasbellas Alconada
Abogado
27667604

jueves, 10 de diciembre de 2009

Es tristeza la soledad del camino...

Sentir el silencio gastado de mares que pierden horizontes de madera,
Nada más que el recuerdo te hace merecedor de la carne,
El aire que respiro es carbón y cenizas de piedras muertas,
De luces que perforan los ojos de las palomas, de la paloma triste sobre dos mundos de juguete.

Soy cuanto no he podido ser, no soy más que un sueño, cálido, anunciando la primavera, la unción paternal, las manos tiernas que apoyan sus cabezas sobre la herida,
Que crucifican tiempos, que destierran ciudades de opio, de sueños sostenidos en la inocencia de la noche de los pueblos.

Es silencio todo lo que te ha golpeado, perforando tu sosiego de coplas, de versos que no llegan, de rimas que se han perdido bajo los torpes dedos que anuncian un vendaval de pájaros fosforescentes, de luciérnagas pintadas de viento que taladran tu cabeza.

Este montón de palabras, apiladas, enfrentadas, escriben lo que no me animo a decir, no siento vivir sin respirar los pulmones, no soy sangre sin sudor, solo yo comprendo la agonía de los muertos, el sufrimiento de la tierra por no poder conservarlos, el profundo dolor que escupe ataúdes en el mármol, que frena mi mano para ajusticiar al verdugo.

Es vida todo lo que se te ha negado, respirando girasoles de noche, pidiendo perdón por no haberte perdonado, buscando la niñez que escucha voces en tu oído, que te recuerda la tristeza de los puertos, el olor a humedad del molino, que apuñala tu vientre, que te moja los pies descalzos de hambre, cansados de tristes cielos bajo el mar, de mares que se pierden en las herrumbrosas figuras que no han querido olvidarte.

Es tristeza la soledad del camino, la lluvia que llora en tu nombre, las flores muertas del sepulcro, la cruz de clavos de madera, el corolario de voces que no saben pronunciarte de tiempo, llorarte de voces, abrazarte de sueños, perderte de encuentros. No es bueno el silencio que oye gritos en mis manos. Se parece al dolor, mi semblante de lejanos ruiseñores, la vida que llevo es un cielo disecado.



Diego F. Casasbellas Alconada (4/11/2006)

Empobrecidas palabras

Hay un profundo vacio en tus palabras, extraña sensación de incomprensión.
Lejano silencio que corre sobre las vías de un tren que avanza, pesada y tristemente.
Hay, herrumbrosas figuras, talento empobrecido, ingratas palabras.
Latente, sobre las venas, fuera de su cauce, habrá silencio, y aire de sepultura, empobrecidas palabras, lejana tierra donde el poeta comprende lo inevitable, y advierte, tristemente, el ritual de su congoja.

Diego F. Casasbellas Alconada.
(6/II/09)

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Cuanta dolorosa tristeza por pocos percibida.

Cuanta tristeza, en ésta casa que pronto estará vacía.
Todo cuanto ha sido entre estas paredes lentamente se irá,
flotando en el aire acumulado, despacio se irá el cálido aire de primavera,
que supo alegrar las flores que adornaron los pliegues de tu ausencia.

Cuanta tristeza, solitaria casa, silencio solitario; a otros darás cobijo,
Otras risas inundarán el aire, otros, seguramente, traerán un poco de sosiego a tu alma trepidada por tanta tristeza mía, corazón que negramente se esconde, y llora, negra y amargamente.

Cuanta tristeza, solitario mundo, cuanta dolorosa tristeza por pocos percibida.

Me voy casa de Vicente López, me voy de tus paredes, de tu balcón de verde enriquecido, de tus mañanas de sol que atravesaban el umbral de tanta pena,
Lentamente me iré, de noche, para no despertarte, en silencio, como todo lo que se ausenta.


Diego F. Casasbellas Alconada.
22/XII/2008

Proveer de conformidad que, será justicia.

Estudié y me recibí de abogado en la Universidad de Buenos Aires. Hace tres años cursé, como oyente, “Elementos del Derecho Laboral” en la cátedra de los Dres. Ferreirós y Precedo. Al no habérseme asignado la materia, hablé con el Dr. Precedo quien me permitió asistir a las clases y rendir los exámenes pertinentes, para luego rendir la materia en calidad de “libre”. Terminé la cursada con nueve de promedio, y me anoté entonces en la mesa libre más próxima.
El examen de rigor me lo tomó la Dra. Ferreirós, rodeada de un séquito de adulones que, debo admitirlo, me provocaron en ese momento, debido a su marcada ignorancia, bastante gracia.
Durante el mismo, fui testigo de una flébil proyección de las inseguridades y veleidades de la Dra Ferreirós, la cual fustigaba mi ya harto nervioso organismo con preguntas tales como “Alumno, ¿qué quiere decir súbito?” “¿Dígame señor, qué quiere decir razonable?” Pasado mi asombro y estupor, ya dentro del cadalso, apelando al sentido común, herramienta ésta que suele ser poco valorada en el ambiente jurídico, interpelé a la Dra. tratándole de explicar que esos vocablos definían características o más bien realidades demasiado abstractas para ser definidas tan a la ligera. Vano fue mi intento de salvación, el destino inexorable llegaba para desterrar cualquier ilusión que hubiese forjado, irresponsablemente, amparado en la creencia de que el arduo estudio podría servirme ante la presencia de tan dantesco personaje.
Hace unos días, tuve el grato placer de leer varios fallos de Cámara de la Dra Ferreirós, debo admitir con sobrada soberbia, que grata fue mi sorpresa al confirmar que tanta pobreza de espíritu se veía reflejada en la exigua calidad de su redacción. Sabido es por cualquier persona que se interese en la literatura, en la buena por lo menos, que el lenguaje jurídico es el resultado de un avance, no demasiado importante, claro está, del léxico policial, lleno de errores gramaticales, de estilo y conjunciones semánticas dejadas de utilizar por el lenguaje vulgar hace ya casi un siglo. Más allá de esta apreciación, todavía quedan abogados que respetan el idioma castellano y saben manejar el lenguaje majestuosamente, claro que éste no es el caso de la Dra. en cuestión.
Los fallos que enriquecieron mi acervo cultural, contenían citas de Séneca, disertaban sobre la dignidad del hombre y la lucha contra la humillación, y no pude más que plantearme la evidente contradicción que se presentaba entre este pensamiento y las acciones llevadas adelante tiempo atrás contra un alumno, blanco de humillaciones, afrentas, sometido al ludibrio de una mujer que, lamentablemente, cree poseer una preparación e inteligencia que a las claras no posee.
Mención aparte merece la introducción en los fallos de la esclarecedora frase, que bien podría haber sido escrita por Borges al expresar algo así como “la vida es una autobiografía que se escribe todos los días”; creyendo primero, por baladí que esto parezca, haberla leído en algún chocolatín de esos que traen alguna frase que a cierta edad nos revela la trascendencia del hombre y su sentido en el mundo; luego pude darme cuenta de que seguramente, esa revelación debía haber sido entregada, con notable generosidad, a las manos populares por algún gran pensador de esos que se dedican a realizar una actividad tan poco practicada y valorada: pensar.
La vida seguirá su curso, la vacuidad de espíritu existió y existirá siempre, también existirá siempre la gente interesada en pensar, en darse cuenta de que la vida es demasiado importante para detenerse en futilidades. El séquito de adulones seguirá recordándole a la Dra. que el Derecho Argentino y por que no, el del resto del mundo, está en deuda ante tamaño aporte jurídico por ella brindado; ésta, no pudiendo ver más allá de su mediocridad, acicateada por sus seguidores, creerá con fervor y soberbia desmedida cada una de las palabras pronunciadas.
“Necesitan incienso e incensario / tu secundaria vida, tu corazón de espino secundario / tu soberbia de zarza consumida”, decía con inspirado acierto el genial poeta Miguel Hernández. Hoy, un mundo anquilosado y perimido produce, como siempre lo ha hecho, gente pobre; en el profundo sentido de la palabra.


Diego F. Casasbellas Alconada
Abogado
27667604
diegocasasbellas@hotmail.com

lunes, 2 de noviembre de 2009

Conferencia sobre Vallejo en el Centro Cultural Recoleta

El lunes de la semana pasada asistí, junto con mi hermana, a una conferencia sobre César Vallejo en el Centro Cultural Recoleta. El encargado de la misma, un joven que debía rondar los treinta años, quizás menos, disertó sobre la obra del genial poeta peruano con sobrada elocuencia, con un cabal conocimiento del lenguaje poético y, en este caso puntual, sobre su relación con la filosofía explicitó las estructuras básicas del pensamiento filosófico de autores como Heidegger.
El magro auditorio, compuesto por alrededor de unas veinte personas; esta escuálida concurrencia guarda inmediata relación con el valor que se le otorga a la poesía en nuestro país, escuchó con atención las palabras del joven orador. No obstante, en las postrimerías de la conferencia, un señor apoltronado, de unos setenta años, interrumpió al conferencista refutándolo en algunos aspectos biográficos de Vallejo que el joven había introducido en su disertación con el fin de esclarecer la personalidad del poeta. Luego de la primera interrupción llegó, inexorable, la segunda, en la cual, luego de exponer ciertas futilidades inherentes a la interpretación poética –como si la exégesis de la poesía tuviese algún valor que trascendiese la mera arrogancia de quienes se consideran expertos en la materia-, se autoproclamó uno de los más grandes expertos en Vallejo. Haciendo ostentación de su calidad de “poeta”, alcanzó el paroxismo con su perorata al exponer su desopilante teoría mediante la cual: “sólo los poetas son capaces de entender la poesía”.
César Vallejo, sin duda uno de los más grandes poetas de la literatura universal, poseedor de una voz ecuánime y profundamente conmovedora. Quien ha sentido como propio y expresado con hondura el dolor humano es, claramente, contrario a esta absurda y pueril afirmación de manual escolar.
El trabajo del poeta, decía Borges, es constante, no trabaja sólo cuando escribe, sino que también lo hace a lo largo de toda su vida, contemplando las cosas que pasan a su alrededor. El poeta tiene una forma particular de ver las cosas, en eso se diferencia del resto de los mortales, por lo que hay evidencia de sobra, a lo largo de la historia de la humanidad, para afirmar que hay poetas que nunca han escrito una sola línea y, por otro lado, personas que han escrito toneladas de versos a quienes no les correspondería jamás dicho adjetivo.
“El poeta habla desde el nivel exacto del hombre”, decía León Felipe. “...Yo he soñado mucho, como buen marinero. El poeta no tiene más argumentos que sus sueños”. Escribió el mismo autor a sus amigos con motivo del festejo de su cumpleaños número setenta en el poema “Un poderoso talismán”. En "El Poeta Prometeico" (de Ganarás La Luz) dijo: “Y hay voces de tragedias antiguas que me siguen para que yo las defina con mi sangre...” Quizás sea esa la verdadera función del poeta.

Diego F. Casasbellas Alconada
Abogado
27.667.604
diegocasasbellas@hotmail.com